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Antonio Íñiguez
31 de Mayo, 2005
Tres de las mayores compañías farmacéuticas —Merck, Pfizer y Glaxo— están poniendo todas las trabas posibles para impedir la iniciativa de registrar en la red, con acceso libre y gratuito, todos los ensayos clínicos. La historia es así.
Desde mediados de los ochenta, y desde diferentes ópticas, se viene reclamando la necesidad de una mayor transparencia y accesibilidad para los datos claves de los ensayos clínicos. Las razones son por todos conocidas ya que existe evididencia de que no siempre se publican todos los resultados de los ensayos y que la efectividad de los fármacos sufre una cierta inflación si es la empresa propietaria la que realiza el ensayo.
Hasta el año pasado la poderosa industria farmacéutica había conseguido hibernar todas las peticiones en este sentido incluyendo las provinientes del mundo editorial biomédico. Pero en el verano pasado los acontecimientos se precipitaron. Apenas apagados los ecos del escándalo del Vioxx® de la Merck otra poderosa compañía, GlaxoSmithKline, tuvo que pagar 2.5 millones de dólares para solucionar la demanda del fiscal general de Nueva York, Elliot Spitzer, que le acusaba de haber ocultado datos que apuntaban a que el antidepresivo Paxil®, un inhibidor de la recaptación de la serotonina, podría aumentar el riesgo de suicidio en niños y adolescentes. Eso fue la gota que colmó el vaso y precipitó no sólo que el asunto pasara a formar parte de la agenda pública del gobierno federal de los EEUU sino que dio la ocasión al contraataque de las editoriales de revistas médicas.
En septiembre del año pasado el Comité Internacional de Editores de Revistas Médicas publicó un artículo editorial a favor del registro público de los ensayos clínicos y anunciaron que no publicarían en sus revistas aquellos ensayos que no estuvieran registrados; esta política empezará a implementarse a partir del mes de julio de 2005 para los nuevos ensayos y para los iniciados antes de esta fecha se exige para su posible publicación que están registrados antes del 13 de septiembre. Entre las editoriales que han suscrito este acuerdo se encuentran las que publican revistas como N Eng J Med, The Lancet, JAMA o Annals of Internal Medicine, haciendo verdad esa regla que tando se afanan en ocultar los economistas oficiales de que ante un oligopolio lo mejor es un buen oligopsonio. La propuesta, apoyada también por la OMS, pretende que todos los ensayos clínicos que potencialmente puedan suponer modificaciones en práctica clínica queden registrados públicamente, líbremente accesibles , sin coste alguno y que aporten información válida sobre un mínimo de datos.
Mientras algunas compañías han aceptado la realidad y empiezan a cumplir con su responsabilidad social (Lilly), Merck, Pfizer y Glaxo no paran en su empeño de escaqueo. Lo último ha sido registrar ensayos sin aportar los nombres específicos de los fármacos que se están ensayando: en el campo del formulario donde hay que poner el nombre del fármaco sometido a ensayo ponen algo así como «un fármaco en investigación» y otras ambiguedades. Diré que especificar el nombre del fármaco es importante ya que esto impediría que las compañías pudieran realizar múltiples ensayos de un mismo fármaco y elegir para su publicación los resultados más favorables. Estas tres compañías ni siquiera están siendo generosas a la hora de registrar sus ensayos en la web corporativa del lobby farmacéutico y eso que ahí exigen bien poco; Glaxo y Pfizer han colgado algunos registros mientras que Merck aún no ha aparecido.
La batalla continúa pero permanece la esperanza del triunfo final de los valores éticos, la transparencia, la responsabilidad social de las empresas y el reconocimiento explícito de los voluntarios que participan exponiendo sus vidas en los ensayos sobre los rocosos intereses comerciales.