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Las organizaciones sanitarias son sistemas complejos adaptativos (I)

Antonio Iñiguez
Enero, 2005

Un sistema está compuesto de elementos interrelacionados llamados subsistemas o componentes. La interrelación dinámica de los elementos entre sí y con el entorno hace que ninguno de ellos sea completamente independiente y que cualquier cambio que se produzca en el elemento o en su relación afecte a otros elementos. Esto se aplica a todos los sistemas: físicos, biológicos o sociales. Según Kast y Rosenweig, 1975, los conceptos más importantes de la teoría general de sistemas son:

  1. La sinergia entre sus elementos que permite que el todo sea mayor que la suma de sus partes.
  2. Los sistemas pueden ser de dos formas: abiertos y cerrados. Los abiertos intercambian con su entorno información, materia y energía. Los sistemas sociales, como las organizaciones sanitarias, son siempre abiertos.
  3. Los sistemas abiertos se comportan como todos los procesos, es decir son sistemas transformadores (entradas transformación salidas).
  4. Los sistemas sociales abiertos tienen límites difusos y permeables con su entorno. Las organizaciones están dentro de otros macrosistemas sociales.
  5. Para mantenerse en equilibrio dinámico, los sistemas abiertos necesitan continuamente intercambiar con su entorno recursos (información, materia y energía) y recibir del mismo retroalimentación.
  6. Los sistemas sociales abiertos tienen propósitos y fines que pueden ser alcanzados por diferentes vías. Esta propiedad es la equifinalidad.

En la actualidad la tendencia dominante dentro de la teoría general de sistemas está representada por los conceptos relacionados con la complejidad y sus teorías del caos (Lorenz, 1963), de las catástrofes o de los sistemas complejos adaptativos. Muy resumidamente puede decirse que la nueva ciencia de la complejidad es aquella que estudia los sistemas no lineales.

Durante mucho tiempo el paradigma científico dominante ha supuesto que todos los sistemas abiertos eran lineales, es decir que el efecto secundario a cualquier modificación de una variable del sistema era único y proporcional a dicha modificación. Este es el pensamiento lineal y reduccionista que tanto éxito ha tenido y tiene al tratar con los sistemas inanimados. Hoy se acepta que la mayoría de los sistemas abiertos sociales no se comportan siempre de forma lineal y que los efectos de una modificación del sistema no tienen por qué ser proporcionales a la magnitud de dicha modificación. Además el método reduccionista de dividir el todo en sus partes para analizarlas por separado y sacar consecuencias no funciona en los sistemas abiertos sociales porque al realizar esta operación se destruye lo realmente importante de los elementos del sistema: sus interacciones, su interconectividad. Estos sistemas no son complicados, sino complejos merced a los muchos grados de libertad con que pueden interaccionar los agentes o elementos que constituyen el sistema y la consiguiente cantidad de posibilidades de comportamiento del sistema (espacio de posibilidades). Esto último conduce a una concepto clave del pensamiento sistémico: la incertidumbre en los resultados, la imposibilidad de hacer predicciones exactas.

Antes de pasar al siguiente apartado me gustaría insistir en algo de suma importancia. El pensamiento sistémico no debe verse en ningún modo como un competidor del pensamiento reduccionista. Ambos son complementarios y a ambos tendremos que acudir en la mayoría de las ocasiones. El pensamiento sistémico puede proporcionar el contexto apropiado para que los análisis reduccionistas puedan ser interpretados de una forma realista.

Sistemas complejos adaptativos

Los sistemas abiertos pueden ser simples o complejos. La diferencia fundamental entre ellos radica en cómo se relacionan sus elementos entre sí y con su entorno y en el comportamiento sistémico resultante. Un ejemplo de sistema simple es la instalación de la calefacción de nuestras casas. En este sistema la temperatura del ambiente desencadena a través del termostato una serie de eventos rutinarios que conducen a un comportamiento predecible. En cambio los sistemas complejos se caracterizan por la gran riqueza y variabilidad de las relaciones de sus elementos entre sí y con su entorno y como consecuencia su comportamiento poco predecible. En realidad, la complejidad no es más que una medida del número de posibilidades de interacción de los agentes de un sistema. Los sistemas complejos son no lineales diferenciandose en aquellos en que sus elememtos no tienen un fin o propósito (sistemas caóticos) y aquellos otros en que sus elementos sí tienen un fin. Esta finalidad o adaptación es el resultado de los ajustes continuos de sus elementos entre sí y con su entorno más íntimo (sistemas complejos adaptativos). Pero para que estos ajustes se lleven a cabo con un carácter finalista es necesario la existencia de una jerarquía y unos procesos de comunicación y de control. Pensemos en los diferentes sistemas del cuerpo humano, en sus ajustes mútuos, en su coordinación y control y en la capacidad de adaptación que nos permiten ante cualquier cambio de nuestro entorno (Stacey, 1995).

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Bibliografía

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