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Economía de la salud
Antonio Íñiguez
Febrero, 2005
La economía en general se ocupa de la asignación de los recursos a las diferentes necesidades de las personas. En la práctica se basa en la asunción de varios principios entre los que destacan los siguientes:
- Los recursos de que la sociedad dispone (fuerza laboral, inversiones, ...) son relativamente escasos. Eso significa que son susceptibles de usos alternativos y que lo que se asigne a sanidad no podrá emplearse en educación o en mejorar las infraestructuras para el transporte. Se dice así que los recursos tienen un coste social de oportunidad.
- Las decisiones que toman las personas en materia económica se hacen en base a un comportamiento racional que persigue sacar el máximo beneficio de los recursos que poseen.
- El análisis económico se basa en la relación existente entre los beneficios y los costes de producir o consumir una unidad más de un bien. A esto se le llama análisis marginal y es el que realizamos intuitivamente al decidir si adquirimos una caja o dos de antitérmicos para tratar un resfriado.
- Los economistas utilizan para la elaboración de sus teorías y predicciones modelos económicos, representaciones abstractas de la realidad. Es lo mismo que hacen los físicos con sus modelos experimentales. Así, la ley de la gravedad está enunciada para una condición de vacío pero con pequeñas correcciones funciona en la vida real y es muy útil.
¿Es aplicable la economía a la salud y a la atención sanitaria?
Son muchos los que argumentando que la salud no tiene precio rechazan los inevitables aspectos económicos de la atención sanitaria. Se dice que la salud no tiene precio. Seguramente eso es así, pero también lo es que tiene un coste, el coste de oportunidad, la renuncia a utilizar los recursos en otras actividades para producir otros bienes que podrían ser tan deseados como la salud. Todas las actividades asistenciales tienen un aspecto técnico propio de las ciencias médicas y al menos otro aspecto económico indisociable del primero. Todos los médicos saben que para diagnosticar y tratar a un paciente no necesitan saber nada de economía. Pero también saben que en esas actividades se consumen recursos y que éstos son relativamente escasos. Cómo se producen estos recursos, quién los financia, quién elige su producción y cómo se combinan son cuestiones que aún en un segundo plano imponen un marco a la actuación del médico y la sitúan en la realidad cotidiana.
También podría argumentarse en contra del «intrusismo» de la economía que la salud es una necesidad básica y un derecho irrenunciable no susceptible de someterse a los avatares económicos de las mercancías, pero también lo son los alimentos básicos o una infraestructura digna donde habitar y no por ello quedan excluídos de las transacciones económicas.
¿Tiene peculiaridades la economía de la salud?
Si bien es cierto que la economía puede aplicarse a la salud y a la atención sanitaria también lo es que en este sector se dan una serie de factores que aunque no hacen de la economía de la salud un área única sí le confieren unas características distintivas de otras áreas económicas. Estas características son:
- Una gran incertidumbre tanto en la demanda como en la oferta. Los usuarios no saben generalmente cuando enfermarán y tendrán necesidad de los servicios sanitarios. Ello supone que la demanda de atención sanitaria estará sometida a gran incertidumbre y será irregular. La incertidumbre también afecta al lado de la oferta de varios modos: ni los pacientes conocen el resultado previsible de sus enfermedades sin la ayuda de los médicos ni éstos son capaces de predecir en muchos casos los resultados de un tratamiento con un nivel aceptable de certeza. La incertidumbre siempre es inevitable pero una dosis excesiva de la misma es muy mal tolerada por los mercados.
- Una gran asimetría en la información disponible, origen en parte de la incertidumbre. Los pacientes no saben de su enfermedad, de sus posibles soluciones ni de la competencia de los hospitales o de los médicos. Ello les conduce a ser totalmente dependientes de los médicos que son los que informan, deciden y realizan el servicio lo que puede llevar a un conflicto de intereses.
- La prominencia de las aseguradoras y del gobierno. Como consecuencia de la incertidumbre y del elevado coste de los servicios sanitarios los individuos buscan el aseguramiento privado o bien los gobiernos financian y proveen los servicios sanitarios en un intento de evitar discriminación por razones económicas. Esto introduce en el sistema elementos distorsionantes (selección del riesgo, selección adversa, menosprecio del riesgo, ...) y el aislamiento tanto del usuario como del médico del coste de sus actividades lo que priva al mercado de una señal de control muy importante: los precios. Además la financiación pública favorece en la toma de decisiones a los factores políticos en detrimento de las consideraciones económicas.
- Importantes barreras a la competencia. El sector de la salud es uno de los más regulados por los gobiernos como consecuencia del peso de la financiación pública y con el fin de mejorar la accesibilidad, información y calidad de los servicios recibidos por los usuarios. Ello en principio no tiene por qué ser un obstáculo si se combina con otras medidas que favorezcan la compentencia interna del sector y evitan los problemas de las situaciones monopolísticas.
- La dificultad para definir las necesidades de los individuos es otra peculiaridad de este sector que sumada a otras contribuye a la distorsión de la demanda. Además, los problemas de salud de las personas evocan en sus semejantes unos sentimientos que distinguen la atención sanitaria de otros bienes y servicios y les llevan a reclamar que las condiciones de renta personal no sean un impedimento para obtener los cuidados necesarios. La equidad, un concepto no económico, es por tanto un factor a considerar y explica el por qué de algunas decisiones que tienen que tomar los gobiernos y no son consideradas ortodoxas desde el punto de vista de la economía.