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Categoría > Economía de la salud >
Antonio Íñiguez
Mayo, 2005
En este artículo nos aproximaremos, con un enfoque general, a los costes y consecuencias relevantes de las evaluaciones económicas de los programas sanitarios. En el siguiente capítulo de esta serie trataremos en profundidad los costes, algo común a todos los tipos de evaluación económica, y en los artículos sucesivos iremos viendo específicamente las diferentes modalidades de ésta.
Fijémonos para empezar en la siguiente figura (modificada de Drummond et al.).
En la primera columna están los recursos empleados en llevar a cabo el programa o la intervención sanitaria mientras que en las columnas 3ª, 4ª y 5ª se representan las diferentes etapas en la evaluación de los resultados (identificación, medición y valoración). También para evaluar los costes existen esas mismas etapas:
Pueden distinguirse los costes sanitarios directos propios de la asistencia (cuidados hospitalarios, consultas médicas, medicamentos, pruebas de laboratorio ...) así como los sanitarios diferidos (consumo adicional de servicios sanitarios a causa de enfermedades que aparecen como consecuencia de una mayor longevidad debida a la intervención inicial). Por otro lado, los costes no sanitarios pueden tener que ser soportados directamente por los propios pacientes y familiares (copagos, gastos de desplazamiento,...) o bien ser consecuencia indirecta de la enfermedad (disminución salarial, tiempo empleado en recibir la asistencia,...). Algunos autores (Drummond) también tienen en cuenta los costes que repercuten en otros sectores pérdida de productividad, indennizaciones, costes de asistentes sociales,...).
La elección de los costes a incluir en el estudio depende de la perspectiva adoptada. Según las diferentes perspectivas no todos los costes tienen la misma relevancia; así por ejemplo desde la perspectiva de la gerencia de un hospital los costes soportados por pacientes y familiares podrían obviarse, algo totamente improcedente desde la perspectiva de los usuarios o desde la perspectiva social, la más amplia y utilizada.
Una vez identificados los costes relevantes, el siguiente paso consiste en determinar la cantidad de recursos consumidos. Ello puede verse desde dos ópticas: la de los microcostes o costes desagregados y la de los costes agregados; a veces en una misma evaluación pueden utilizarse ambas, los costes muy detallados e individualizados para los costes directos y los costes agregados para todos los demás. Un ejemplo de coste agregado sería el de un día de hospitalización que comprendería los cuidados de enfermería, los medicamentos utilizados y la atención médica entre otros costes más específicos; otro ejemplo, más agregado aún, sería el coste de un episodio de hospitalización por una determinada patología. Naturalmente los microcostes permiten una mayor exactitud pero a cambio de un mayor esfuerzo y de correr el riesgo de que la evaluación acabe siendo demasiado específica pero poco generalizable.
El último paso en la determinación de los costes consiste en la valoración de los recursos a través de la asignación a éstos de un precio unitario. El asunto así expuesto parece sencillo pero no lo es. Y no lo es porque no hay un mercado ni unos precios más o menos reales para gran cantidad de recursos saniatarios. Además si no se utilizan precios estándar es muy difícil la comparación entre estudios diferentes. Algunos países como el Reino Unido han elaborado bases de datos de costes unitarios muy útiles. Ante esta realidad, al menos, siempre debe quedar claro el método o la fuente utilizados para la determinació de los precios unitarios.
Como puede verse en la figura hay dos grandes consecuencias tras una intervención o programa sanitarios:
La mejora en el estado de salud de los pacientes se puede medir en términos de efectos o bien se puede valorar según las utilidades producidas o mediante la asignación de un valor monetario. Ya sabemos que el primer camino nos lleva a las evaluaciones del tipo coste-efectividad (ECE) y que los dos últimos son los propios de los estudios de coste-utilidad (ECU) y de coste-beneficio(ECB), respectivamente. Cuando entremos específicamente a tratar cada uno de estos estudios tendremos que detenernos con mucho más detalle en los métodos empleados en la determinación de los resultados, especialmente en sus ventajas e incovenientes.
Un programa sanitario ahorra los recursos utilizados en el programa alternativo (a1, a2 y a3). Estos ahorros son el reflejo de los costes (c1, c2 y c3) del programa alternativo y se miden y valoran de forma similar. No hay que olvidar que en las evaluaciones siempre se buscan comparaciones entre dos o más alternativas; a veces la única alternativa que entra en la evaluación es simplemente la de no hacer nada, dejar las cosas como están, pero aún así hay que considerar su coste.