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Categoría > Economía de la salud >
Antonio Íñiguez
Abril, 2005
En otro capítulo tratamos sobre la asimetría de información presente en los mercados de salud y mencionamos algunas de sus consecuencias: el problema de agencia en los mercados de provisión de servicios y el riesgo moral y la selección adversa en los mercados de seguros. Todos tienen su importancia: el primero porque toca el debatido asunto de la demanda autoinducida por los médicos y nos conecta con el problema de la variabilidad de la práctica clínica (VPC) y los segundos porque son factores relevantes en el consumo de servicios sanitarios.
Por riesgo moral se entiende la utilización de una cantidad mayor de servicios sanitarios a la que se consumiría en caso de no estar asegurados. No se trata, como su nombre podría sugerir, de una desviación de la ética sino de una conducta basada en la racionalidad económica: se utilizan más servicios sanitarios porque su precio en el momento del consumo es bajo (y en algunos sistemas de salud incluso es 0 para algunas prestaciones). El riesgo moral se produce cuando un agente —el proveedor, generalmente— no puede conseguir información y conocimiento sobre el comportamiento del otro. Ello deja al último con la posibilidad de adoptar una conducta oportunista sabedor de que sus acciones permanecerán ocultas para los otros agentes y le permitirá explotar esta asimetría en la información para consumir más servicios de los que de otro modo le permitirían. Es una evidencia que el aseguramiento, público o privado, es un incentivo para el mayor consumo por parte de los pacientes y puede que en algunos casos, además, reduzca los incentivos de las personas para evitar o prevenir riesgos.
La selección adversa es otra consecuencia de la asimetría de la información aplicable especialmente a los mercados de seguros privados. También aquí son los individuos al conocer su estado de salud quienes tienen más información que la compañía aseguradora. La situación es un calco de la expuesta por Akerlof. a propósito del mercado de coches usados. Existe selección adversa cuando las personas que tienen peor estado de salud son las que con mayor probabilidad buscarán aseguramiento. Intentemos comprender este escurridizo concepto (no perdamos de vista a los coches usados en peor estado, los «lemons»). Imaginemos en una población aproximadamente dividida por igual en dos tipos de personas: los sanos y los enfermos. Pongamos que los sanos gastan, en promedio, 500 € al año en asistencia médica y que por ese mismo concepto los enfermos alcanzan en promedio 2500 €. Si la empresa aseguradora tuviera una buena información de sus potenciales clientes fijaría un precio uniforme para todos los asegurados en torno a 1500 €. Pero este precio desalentaría a los sanos porque tienen expectativas de no gastar más de 500 € y atraería a los enfermos que estarían encantados de pagar la póliza. Así, al final, la mayoría de los clientes serían «lemons» y para no perder dinero el precio de la póliza tendría que rondar los 1500 €. Por tanto, la fijación uniforme de los precios de mercado del seguro médico ha provocado una selección adversa, ha elevado el precio lejos del equilibrio y ha limitado el número de asegurados dando lugar a un mercado incompleto.
Es posible encontrar otra acepción de la selección adversa, especialmente cuando son los políticos los que utilizan el término y lo hacen sinónimo de un comportamiento oportunista por el que las compañías aseguradoras podrían rechazar el aseguramiento de aquellos pacientes con un elevado riesgo para enfermar o ya enfermos. Para muchos basta la prevención de la selección adversa para constituirse en argumento a favor de un sistema de seguros sanitarios públicos y obligatorios.
Se produce una relación de agencia cuando el principal —el paciente— delega su autoridad para la toma de decisiones en un agente —el médico— en virtud de la mayor preparación y conocimientos de éste. Como puede verse no es exclusivo del sector de la salud; ocurre también cuando llevamos el coche al taller, recibimos los servicios del fontanero y para algunos hasta cuando vamos a la peluquería. En todos los casos subyace una asimetría en la información, en esta ocasión a favor del proveedor, como el motivo por el que el principal acepta que su agente tome las decisiones por él. El problema para el principal es averiguar si su relación de agencia es perfecta, es decir si las decisiones que toma el médico son las mismas que tomaría en el hipotético caso de que el paciente tuviera la misma información que él. Además cuanto más perfecta sea la relación de agencia más difícil será separar los beneficios del médico y del paciente y también más difícil será separar los lados de la oferta y la demanda.
Desgraciadamente,la evidencia indica que esta relación de agencia no es perfecta y que los intereses pueden diverger. Esto nos lleva a otros temas muy interesantes cohesionados en torno a la variabilidad de la práctica clínica: la posición de doble agente del médico y la demanda autoinducida.
Por último, una cuestión que se les habrá ocurrido a muchos lectores: si la remuneración de los médicos se hiciera según los resultados de salud obtenidos en sus pacientes ¿no lograriamos la relación de agencia perfecta? Puede que teóricamente sí, pero ningún médico aceptaría ese tipo de contratos. Que ¿por qué? Pues sencillamente porque ahora la asimetría de información se habría desplazado a favor del paciente y el médico ahora sería víctima del riesgo moral y de la selección adversa. Demasiado.