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Características únicas de los sistemas sociales
Antonio Íñiguez
Enero, 2005
Hay que ser muy cauteloso al extrapolar los conceptos del pensamiento sistémico y de la complejidad desde los sistemas biológicos o físicos a los sistemas sociales humanos. Los sistemas humanos tienen una serie de características que los hacen únicos (Stacey, 2001) y que nos deben alertar de que los más importante en todo sistema social son las personas:
- Las personas toman decisiones en base a patrones surgidos por las experiencias pasadas y por las expectativas de futuro. En las organizaciones sociales las personas se comportan mediante un esquema consistente en unas pocas reglas comunes y una serie de actividades condicionadas por objetivos propios, imposibles de segregar de los objetivos de la organización y también por emociones (amistad, compasión,..) o ideologías. De esta interacción surge la ambiguedad de los comportamientos humanos y es por ello que hay que ser cauto con las reglas de las organizaciones. Más que reglas rígidas habría que hablar de políticas, como esos caminos a recorrer para conseguir metas. Las políticas deben tener unos límites claros pero también deben contar con arcenes amplios.
- Los patrones de comportamiento están modulados por las interacciones entre las personas. De esa adaptación mutua de las personas es de donde surge la autoorganización. Además esa adaptación es la base del aprendizaje individual y de la aparición espontánea de nuevos patrones de comportamiento de la organización (evolución y autoaprendizaje de las organizaciones humanas).
- Cada individuo es miembro simultáneamente de distintos sistemas donde cumple diferentes roles: familia, empresas, afiliaciones, ... Esto aumenta la diversidad de los esquemas de comportamiento y determina un equilibrio dinámico alejado de la estabilidad. El mayor o menor alejamiento de la estabilidad está determinado por el grado de diversidad de los esquemas de las personas, es decir de la complejidad del sistema.
- Los humanos hemos aprendido a estructurar nuestras interacciones para mantener un cierto orden dentro de los sistemas sociales. Hemos creado leyes, normas, mitos, instituciones políticas, ... que persiguen de algún modo desenvolverse en ese espacio existente entre el orden casi inmutable y el desorden máximo donde el grado de incertidumbre es incompatible con cualquier finalidad aceptable. Es aquí, en este espacio que algunos autores lo conceptualizan como el límite del caos (Gell-Mann, 1995), donde el bullir incesante de las sociedades humanas se transforma en su fuerza creadora, en la emergencia de nuevas propiedades.
- En todos los sistemas sociales, y eso incluye a todas las organizaciones, coexisten dos estructuras de relación entre las personas. Una es de tipo formal, constituida por vínculos establecidos intencionadamente por los miembros más poderosos de la organización y plasmados en principios y políticas. Estos vínculos determinan la naturaleza de la autoridad y de la responsabilidad de las personas y las metas organizativas. Por esta estructura formal circulan flujos de información, conocimiento y actividades más o menos uniformes y repetitivos que tienen por objetivo lograr la eficacia organizativa. Pero junto a esta estructura existe otra, la informal, constituida por vínculos establecidos espontáneamente por los indivíduos. Son vínculos de naturaleza afectiva, social, emocional, recreativa o ideológica que coexisten con las relaciones formales e influyen sobre ellas creando bucles de realimentación facilitadora, o por el contrario constituyendo barreras al cambio imposibles de superar.
El pensamiento sistémico y las teorías de la complejidad pueden ayudarnos a establecer modelos conceptuales de los sistemas sociales creados por los humanos pero debemos evitar las extrapolaciones indiscriminadas y gratuitas. Los sistemas sociales no son un montón de arena.
Bibliografía
- STACEY, R.D. Complex responsive processes in organizations: learning and knowledge creation. Routledge. London. 2001.
- GELL-MANN, M. El quark y el jaguar. Colección Metatemas (Busquets Ed.). Barcelona. 1995.