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Antonio Íñiguez
Enero, 2005
Por las características del tipo de servicio prestado, la primera piedra a colocar en el edificio de la calidad de las organizaciones sanitarias ha de estar relacionada con el control del riesgo de los procesos. Por tanto, la seguridad del paciente ha de ser la primera dimensión de la calidad a la que debe prestarse atención.
En 1999 el Institute of Medicine de EE.UU. publicó un informe (Kohn et al.) a partir de los datos de varios estudios previos, en el que se presentan estimaciones de tipo sanitario y económico del problema: se estima que entre 44.000 y 98.000 personas mueren cada año en los hospitales de EE.UU. como consecuencia de los errores asistenciales. Los errores de medicación determinan, según este informe, 7.000 muertes al año, cifra que supera a las causadas por los accidentes de trabajo. En lo referente al aspecto económico, sólo los costes directos de estos acontecimientos adversos suponen alrededor del 4% de los gastos totales en salud en EE.UU., de los cuales en torno a la mitad se deberían a errores prevenibles. Los datos disponibles sobre la situación en nuestro país presentan un impacto asistencial y económico similar. Los errores médicos causan entre un 4,7% (Otero et al.) y un 5,3% (Martín et al.) de los ingresos hospitalarios, con un coste medio por estancia próxima a 3.000 euros. En los hospitales, y según un estudio financiado por la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria y desarrollado entre 1996 y 1998, el índice de errores médicos se cifra en un 12,8%, estimándose que podrían prevenirse en un 90% de los casos mediante sistemas de detección y control (Blasco et al.).
La prestación de servicios sanitarios es un proceso siempre complejo pero factible de ser representado mediante un diagrama de flujo que indique todos los inputs: elementos materiales, información, requerimientos profesionales... y la secuencia de actividades necesarias para lograr el objetivo previsto el momento de su alta. Pero a diferencia del ámbito industrial, en que el cliente está usualmente al final de la cadena productiva, en las prestaciones asistenciales, usualmente es el paciente quién comienza el proceso y es objeto del mismo hasta el final. Eso hace que cada proceso, aún para la misma prestación, sea un proceso particular y específico.
Puesto que cada paciente define un nuevo proceso, aún para una misma prestación, es lógico pensar que tendríamos tantos procesos como número de pacientes y que por tanto resultaría poco realista plantearse un enfoque de gestión basado en los procesos para las actividades asistenciales. Esta es verdaderamente la idea de la mayoría de los clínicos y gestores de las organizaciones asistenciales. Es una idea muy extendida que la gestión de de los procesos es sólo posible en aquellas actividades muy repetitivas: laboratorios, bancos de sangre, farmacia,... Y nada más lejos de la realidad.
Para hacer posible la estandarización de un proceso en estas condiciones, debemos pensar en la posibilidad de separar al paciente de los procesos mismos, pudiendo consecuentemente estandarizar los procesos, diagramarlos, establecer sus características, validarlos y someterlos a estudio para poner bajo control los riesgos inherentes al proceso y por otra parte los riesgos inherentes al paciente. El paciente "viajaría por carreteras más seguras" en los centros asistenciales sin que ello fuera un obstáculo para en cualquier momento detener el viaje o cambiar de dirección. Se trata simplemente de que los procesos controlados son más seguros.
No se trata de dictar la labor de los profesionales. Tampoco se trata de dictar un método para el estudio del riesgo: será la organización quien con arreglo a sus necesidades elija un método tipo HACCP (análisis del riesgo y control de los puntos críticos), AMFE (análisis modal de los errores potenciales y sus efectos) o cualquier otro.
En la figura puede verse el esquema conceptual que la Norma ISO 9004:2000 propone para el enfoque del proceso asistencial. La Norma ISO no define qué es lo que tiene que hacer un profesional sanitario. Esa no es su labor. Para lo que sí puede utilizarse la Norma es para asegurar que las actividades correctas se llevan a cabo de forma continuada y controlada y preparar de este modo las bases para intervenciones destinadas a disminuir los errores.
Si quiere ampliar conocimientos el importante tema de errores en la asistencia sanitaria le recomendamos visitar: Errores médicos y seguridad de los pacientes (AHRQ).